viernes, 28 de marzo de 2008

TIZIANO TERZANI


Abrimos en este blog un apartado para las sugerencias bibliograficas, porque al fin y al cabo, que seria de un gran viaje sin un buen libro que lo acompanye, que lo enriquezca e incluso a veces que le de sentido? Y que mejor libro para iniciar este Rincon del Lector que "El fin es mi principio", de Tiziano Terzani, un tesoro que nos ha conmovido, emocionado y que pronto regalaremos para que pueda seguir vivo y alimentando otros corazones (y dicho sea de paso, por un motivo algo menos poetico como es el de aligerar tambien nuestras mochilas).
Tiziano Terzani fue un periodista, escritor y viajero italiano que murio hace apenas 2 anyos, y cuya apasionante vida le llevo a recorrer numerosos paises y vivir durante mas de 30 anyos en Asia, cubriendo desde alli hechos historicos tan relevantes como la Guerra de Vietnam, el genocidio de Camboya, la Revolucion Cultural de Mao en China, etc. Pero ante todo Tiziano fue un hombre que amaba los paises que visitaba, sus gentes y sus tradiciones, y que se esforzaba por estudiar y leer todo lo que cayera en sus manos sobre esas culturas para poder entender mejor lo que luego veia con sus propios ojos. En la recta final de su vida, Tiziano descubre la espiritualidad en la India y vive los ultimos anyos a los pies del Himalaya junto al "Viejo", su particular Guru, que le hace comprender, mas alla de la razon, que todos somos uno.
A continuacion teneis algunos extractos del libro, para que vayais abriendo boca antes de salir corriendo a comprarlo. El primer parrafo es el preambulo del libro, un telegrama que Tiziano envia a su hijo Folco invitandolo a pasar unos dias (sus ultimos dias) en su casa de Orsigna, en Italia. Que lo disfruteis.

Orsigna, 12 de marzo de 2004

Queridísimo Folco:

Sabes lo mucho que odio el teléfono y lo difícil que ahora me resulta, con lo débil que estoy, escribir aunque sólo sean dos líneas. Así que nada de “carta”, sino un telegrama con las dos o tres cosas que todavía me interesan y que es importante que sepas.
Estoy terriblemente cansado, pero muy sereno. Me encanta estar en esta casa y cuento con no moverme de aquí. Espero verte pronto, pero sólo a condición de que hayas terminado tu trabajo. Una vez aquí, todo te (nos) desbordará, especialmente si aceptas una propuesta en la que he pensado mucho. Se trata de lo siguiente:
¿Y si nos sentáramos juntos una hora todos los días, y tú me preguntases las cosas que siempre has querido preguntarme y yo hablara sin trabas de todo lo que me parece importante, desde la historia de mi familia hasta la del gran viaje de la vida? Un diálogo entre padre e hijo, tan distintos y tan iguales, un libro testamento que tendrás que organizar tú.
Apresúrate, porque no creo que me quede mucho tiempo. Haz tus planes y yo intentaré sobrevivir un poco más para llevar a cabo, si estás de acuerdo, este hermoso proyecto.

Un abrazo,

PAPÁ


“Si me preguntas qué dejo al final, dejo un libro que quizá pueda ayudar a alguien a ver el mundo de un modo mejor, a disfrutar más de su propia vida, a verla en un contexto más amplio, como el que yo siento con tanta fuerza”.

“Hay un mundo ahí afuera, abierto para quien quiera descubrirlo. Se trata simplemente de no ir a través de una agencia de viajes”.

“-Trabajar como periodista era para mí una especie de tapadera, como alguien que hace de comerciante para desarrollar su actividad de espía. Porque lo hacía con pasión, eso es verdad, pero no era mi obsesión. Mi obsesión era vivir, y hacerlo a mi manera, vivir como me gustaba, vivir con esas grandes pequeñas alegrías.
-Hay que salirse de la norma.
-¡Siempre fuera de la norma! Ése es el tema del Viejo, de Krishnamurti y de muchos más: “La verdad es una tierra sin senderos”. Caminas, encuentras. No hay nadie que te diga: “Mira, el sendero para llegar a la verdad es ése”. No sería la verdad. Si te quedas en lo conocido, nunca descubrirás nada nuevo. ¿Qué debes hacer? Si viajas por los rieles de lo conocido, te quedas en lo conocido. Y lo mismo sucede cuando buscas. Si sabes lo que buscas, nunca encontrarás lo que no buscas… y que quizá es justo lo que cuenta, ¿no? Es un extraño proceso que exige una gran determinación, porque implica renuncia, ausencia de certezas. Es cómodo abandonarse a lo conocido, ¿no? A las ocho sale el tren, a las nueve abre el banco, pórtate bien, no robes y todo eso. Pero si sales de lo conocido y buscas caminos no totalmente trillados o, como te decía, te los inventas, tienes la posibilidad de descubrir algo extraordinario”.

El Templo de los Tigres

Kanchanaburi es una poblacion al oeste de Tailandia, junto al rio Kwai, donde durante la segunda guerra mundial murieron mas de cien mil soldados tanto asiaticos como occidentales, utilizados como esclavos para la construccion de lo que hoy en dia se conoce como el Ferrocarril de la Muerte. Hemos llegado hasta aqui para pasar un par de dias antes de proseguir nuestro camino hasta Sankhlaburi, un lugar entranyable del que os hablaremos mas adelante. Uno de los motivos principales de hacer un alto en el camino en Kanchanaburi, ha sido para visitar el Templo de los Tigres, cuyo sugestivo nombre nos hacia pensar en un lugar en el que conviviesen en armonia los monjes y las fieras. Con lo que no contabamos es con los 700 turistas (como nosotros al fin y al cabo) que visitan el lugar cada dia, lo cual ha convertido el sitio en un pequenyo "port aventura de los tigretones". En cualquier caso, la verdad es que la experiencia de estar tan cerca de estos bichos, por primera vez en nuestra vida (y esperamos que ultima, por la cuenta que nos trae) es bien curiosa. Os ponemos unas fotillos y juzgad por vosotros mismos. Por cierto, el hecho de ir los dos de blanco no es porque nos hayamos "iluminado" ni nada por el estilo despues del retiro de meditacion, es simplemente porque recomendaban no llevar colores llamativos para evitar que los animalitos en cuestion segregaran jugos gastricos en nuestra presencia, esta claro, no? Por otra parte, en Kanchanaburi tambien descubrimos un parque nacional fantastico, el Erawan Waterfall, que como los anglofilos habran supuesto tiene numerosas cataratas, en concreto 7 niveles de cataratas donde puedes darte un banyito, con permiso de unos peces que, sin llegar a ser piranyas, no dejan de darte "bocados" por todas partes mientras chapoteas en el agua, tan ricos ellos... Atencion especial a la foto de Elena en la jungla, con la cascada al fondo, no os llega de fondo la musica de.... tulipan neeegrroooooo?











domingo, 16 de marzo de 2008

Tew Bunnag y el compromiso social del budismo

Antes de emprender este viaje había dos proyectos principales que queríamos realizar en nuestro recorrido por Asia: uno centrado en la espiritualidad oriental y otro relacionado con la ayuda humanitaria y la lucha contra la pobreza. Después de haber hablado ayer en Bangkok con Tew Bunnag, pienso que estábamos en un error al referirnos a esos dos proyectos en términos excluyentes : tal vez la esencia de la espiritualidad no haya que buscarla en templos remotos en lo alto de las montañas, sino precisamente en el corazón de aquellas personas que trabajan al lado de los más necesitados.

Tew Bunnag es un tailandés que vive a caballo entre Bangkok, Girona y numerosas ciudades europeas donde imparte cursos y conferencias como maestro de Tai-Chi y de meditación. Procedente de buena familia, podría haber dedicado su vida a aprovechar sus contactos a nivel político y económico para triunfar en los negocios o, quien sabe, hacer carrera política. Sin embargo, su forma de entender el sentido de la compasión en el budismo le ha llevado por otros derroteros. De hecho, para lo único que utiliza esas influencias es para obtener ayudas para el Mercy Center, una institución que él dirige (aunque en su humildad prefiere decir “coordina”), ubicada en una de las zonas más deprimidas de Bangkok, que dedica sus esfuerzos a intentar dar una vida digna a las personas infectadas por el SIDA, en su mayoría niños de corta edad con infancias (por llamarlas de alguna manera) terribles de prostitución, drogadicción y violencia. En Tailandia, como en tantos otros países todavía hoy, las personas con SIDA sufren el rechazo de la sociedad, negándoles cualquier oportunidad de integración y de desarrollo laboral, y condenándolas a una vida que sencillamente no puede ser considerada como tal, cuando no directamente a la muerte. En cualquier caso, en el Mercy Center a muchas de estas personas, especialmente a los niños a causa de su débil sistema inmunológico, lo único que se puede hacer por ellos es acompañarlos en sus últimas horas, dándoles ese algo de calor humano que en la mayoría de los casos reciben por primera vez en sus vidas.

En un país cuya clase política ignora a los sectores más necesitados de la población, y que en su afán de dar una buena imagen del país pretende hacer creer que las estadísticas sobre casos de SIDA están disminuyendo, cuando la realidad es que la tendencia es la contraria, Tew defiende (y ejerce activamente) un budismo con compromiso social, un budismo que lleva esa energía amorosa llamada compasión a las personas que más lo necesitan, a los enfermos, los pobres, y a todos los que de una manera u otra han caído (o sencillamente nacido) fuera del sistema.

Acabamos de visitar de su mano las instalaciones del Mercy Center, y tras compartir un plato de arroz, charlamos con él sobre esos temas que nos han traído hasta esta parte del mundo.

Tew, ¿cómo ves la espiritualidad hoy en Tailandia?
Ha cambiado muchísimo, sobre todo en las grandes ciudades como Bangkok. Cuando yo era pequeño todos los niños pasaban por una etapa de monjes, y se vivía la espiritualidad de un modo mucho más cercano. Hoy la mayoría de esos jóvenes sólo piensan en consumir. Sin embargo, creo que en el conjunto del país la espiritualidad sigue muy viva, sigue teniendo mucha fuerza, sobre todo en las áreas rurales, donde las tradiciones no han cambiado.

Tú dedicas buena parte de tu tiempo a trabajar aquí en el Mercy Center para ayudar a los enfermos de SIDA, un sector de la población en clara situación de marginación. ¿De qué manera el budismo te ha llevado hasta aquí?

Creo que existe una larga tradición en mi país de un cierto “socialismo” en el budismo, y por ejemplo Buddhadasa Bhikkhu, el fundador de Suan Mokh (uno de los centros de meditación más importantes de Tailandia donde todos los meses se realizan retiros de Vipassana para extranjeros), era un gran defensor de los más necesitados. Se trata en definitiva de llevar a la práctica el sentido de la compasión, del amor compasivo del que habla el budismo. Porque en este país existe la necesidad real de ayudar a los pobres, a los enfermos, puesto que desde la clase política las preocupaciones son otras.

Tew, en Occidente asistimos hoy en día a un cierto boom de la espiritualidad, aunque en muchos casos como simple objeto de consumo: colecciones de Osho en los quioscos, cursos de meditación anti-estrés para ejecutivos, kits de yoga en las tiendas de deportes, etc. ¿Crees que existe el peligro de caer en el materialismo espiritual?

Yo tengo fe en la inteligencia y en la sinceridad de la gente. Lo comercial caerá por su propio peso, porque se puede distinguir lo auténtico de lo que no lo es, en el sentido de que la auténtica espiritualidad sirve. La verdadera espiritualidad no es fácil, es trabajo, te exige: sacrificio, coraje, riesgo. No es algo que puedes comprar así como así, en un fin de semana. Requiere muchas horas de práctica, y requiere mucha dedicación, mucha energía y entrega. Por lo tanto no veo esa falsa espiritualidad como un peligro, es algo que ha existido en todas las épocas pero que no ha sobrevivido.

Creo que hay otra etapa de la espiritualidad que vendrá. Por ejemplo en España, lo que yo veo como observador y amante de vuestro país, es que hubo una etapa de espiritualidad impuesta, es decir, a través de la Iglesia. Posteriormente en los años 70 se da un rechazo de la espiritualidad, que inmediatamente da paso a una búsqueda, de caminos, de gurús, una búsqueda muy sincera por cierto. Ahora tenemos la etapa del mercado, de la espiritualidad como consumo. Y creo que la siguiente etapa, que ha nacido ya, estará más allá del consumo espiritual, y en este punto para mí la palabra clave es la simplicidad. La verdadera espiritualidad no necesita nada complicado, apenas un cojín y un pequeño espacio para practicar, nada de uniformes ni cursos caros. Estoy convencido de que esta fase está llegando ya, y en ella ya no son necesarios los gurús ni los maestros, simplemente el compromiso personal con la práctica, con sacrificio (oficio sagrado) y disciplina. Se trata de una espiritualidad anarquista, en el sentido de que pasa por uno mismo, lo fundamental es la práctica personal. Esto es algo que me motiva mucho.

En mi país, en Tailandia, he podido vivir todas las etapas. Ahora estamos en un momento de decadencia. Cuando era pequeño la espiritualidad estaba muy viva, era muy palpable. No había tanto consumismo como en la actualidad. Hoy en día, todavía muchos occidentales vienen a Asia buscando esas raíces, sin embargo pienso que la espiritualidad oriental está más viva hoy en Europa que en Asia, porque los occidentales que han integrado estas prácticas en sus países, han tenido que investigar mucho y pensar mucho, ya que pasar de ser católico o marxista a integrar una práctica asiático-oriental requiere un salto intelectual, emocional y espiritual. Sin embargo, para los asiáticos no supone ningún esfuerzo porque forma parte de su cultura, de sus costumbres y tradiciones, y eso conlleva el no sentir la necesidad de investigar, de conocer más, de esforzarse por saber, como hacen los occidentales.

Da la impresión de que los países occidentales han llegado ya al máximo de su desarrollo y de alguna manera han iniciado un camino de vuelta hacia la simplicidad. En Asia, sin embargo, todavía se sigue creciendo y creciendo y no se ha alcanzado ese punto de inflexión.

Creo que la verdadera riqueza del futuro será precisamente la simplicidad, el arte de simplificar tu vida. Porque lo que nos ha aportado el modelo de consumo capitalista es la complicación. Tengo la impresión de que la gente está harta de tanta complicación en su vida. Por eso viene al yoga, al taichi, a meditar, a la simplicidad del silencio, de no correr más. Y existe la necesidad de reconectar. Esto lo podemos ver cada vez más en Occidente, mientras que en Asia todavía la gente está buscando más y más complicaciones en su vida a causa de esa obsesión por el consumo y el desarrollo.

La simplicidad nos permite sobre todo volver a conectar con nosotros mismos. El principal daño de este modelo de consumismo es que, las tecnologías de comunicación que nos pretenden conectar (móviles, televisión, etc.), en realidad nos separa de nosotros mismos. Cada uno está aislado, aislado de sí mismo y de los demás, porque está atrapado en un ritmo ajeno, siempre corriendo: para pagar las deudas, las hipotecas, etc. Y a causa de esa desconexión cada vez más la gente se deprime. Creo que existe realmente hambre de esa simplicidad.


¿Entenderías tu vida hoy en día sin la meditación?

No podría. Para mí la meditación forma parte de mi vida como desayunar o darme una ducha. Es algo que me recuerda quien soy, que me centra y que me ancla, que me devuelve a la simplicidad. La meditación es el simple hecho de parar y conectar contigo mismo por un momento. Tan sencillo y tan complicado.

LA ISLA DE LOS VERIFEIMUS

LA SONRISA

Lo que en principio pareció la comprobación de un tópico del que me había hablado un amigo, se convirtió en uno de los motores del viaje: la búsqueda de la sonrisa como gesto que brota de forma natural y espontánea, que en nuestra cultura parece perderse o al menos parece ser que necesitamos una razón para sonreír o la usemos como medio de pago o como garantía de que si sonreímos, es más probable que consigamos lo que queremos. Así que ahí estábamos a la caza de la sonrisa, esa sonrisa que en principio parecía que iba a ser muy fácil de encontrar y que no lo fue tanto.

Bangkok una ciudad de 12 millones de habitantes, llena de rascacielos y chabolas mezcladas, sin ningún orden aparente, o al menos desde una mirada occidental, lineal, ordenada… y es que es tan difícil dejar la mirada occidental atrás, es nuestra referencia, pero eso con la apertura y el contagio de otras culturas tiene remedio, no somos un caso perdido!, pero lo curioso de esto que solo te das cuenta cuando te alejas de ese punto que uno cree central, nuestra educación, cultura, uno cree que es lo que nos da la estabilidad, la referencia, lo que nos sostiene y muchas veces lo que hace es cegarnos y alejarnos de esa apertura y enriquecimiento al compartir, supongo que es el resultado de creerse dueños de la verdad absoluta.

En Bangkok no encontramos muchas sonrisas y nos fuimos hacia el sur a una isla donde pensamos que íbamos a encontrarnos con la dulzura y la inocencia del que no sabe lo que son las prisas y sabe disfrutar del sol, la pesca y el estar. Que equivocados estábamos, y que duro es reconocer como nosotros mismos hemos acabado con todo eso. Extranjeros, mochileros, cerveza, fiesta y mucha música mala y alta…nosotros hospedados en unas cabañas de madera rodeados por palmeras, vegetación, pájaros y demás ocupantes de la selva tropical…pensábamos que aquello era lo mas parecido al paraíso y al llegar la noche….sólo se oía los horribles sonidos procedentes de unos altavoces completamente distorsionados……..que seguramente habían ahuyentado a las criaturas que habitaban la selva. Las personas que regentaban los hoteles, restaurantes y tiendas lo que menos hacían era sonreír. Pienso que aterrados ante las conductas impulsivas de la sucesión de turistas durante los últimos años, no es nada reprochable la escasez de sonrisas en la isla.

Estaban construyendo además unos cuantos locales nuevos destinados al disfrute de los visitantes, con lo cual pronostico que en un tiempo no muy lejano Ko Chang no se diferenciará mucho de cualquiera de las playas abarrotadas de nuestro país donde las personas lejos de descansar y disfrutar ese periodo llamado vacaciones destinado para ese cometido, precisan a su vuelta otra semana para recuperarse de todo lo acontecido.

ELENA

jueves, 13 de marzo de 2008

Primera imagenes de Tailandia

Esta es una bonita imagen de lo que en principio queremos recoger en este viaje (entre otras cosas), y es esa cosa llamada "espiritualidad oriental". Se trata de un monje budista rezando en el templo del buda esmeralda, en Bangkok. En su mano lleva una flor de loto, (simbolo del budismo que hunde sus raices en el lodo para a traves del agua abrirse a la luz) y 3 inciensos, uno por Buda, otro por el Dharma (la ley de la naturaleza) y otro por la Sangha (la comunidad espiritual).



Elena, en pose rollito folklorica en revista del corazon, bajando unos escalones (que aqui el que sufre de vertigo no fue capaz de subir, lo reconozco), en el templo de Wat Arun, en Bangkok.

















Pues si, los monjes son seres humanos como todo hijo de vecino, y comen y hacen sus necesidades, y si estas incluyen coger un taxi, pues tambien lo hacen, a ver si alguien se habia creido que solo por sentarte, cruzar las piernas y cerrar los ojos, uno puede teletransportarse... lo de levitar un poquito tira que va, pero irte a la otra punta de Bangkok levitando, eso ya...



Aqui os presentamos a nuestros mayores enemigos en este viaje (junto a nuestros queridos mosquitos, especialmente del menda lerenda): las guindillas, omnipresentes en todas las comidas, ya sea desayuno, comida o cena, y si pides cualquier comida y te dicen "no hot, no spicy" (o sea, que no te vas a abrasar), directamente desconfia, ese plato es un campo de minas, y en algun momento explotara en tu paladar...




Elena, victima del estres, descansa agotada tras una dura jornada. Notese la tension en su cara, el gesto desencajado de su mandibula, la crispacion en toda su expresion...












Atardecer en la isla de Ko Chang, un buen momento para hacer un poquito de yoga (Elena en la foto, al borde de la iluminacion), despues de una rica comida al borde del mar, que digo yo que la espiritualidad y los placeres terrenales no son del todo incompatibles, no?











En fin, me ahorrare cinicos comentarios sobre lo dura que es la vida y tal... solo deciros a todos que os queremos mucho y que si estamos aqui, es por vosotros y para poder transmitiros lo mas fielmente posible lo que es todo esto, y tal...







Llevando el nombre de Cantabria por los confines del mundo... AUPA VALDEIGUNYA!!!!!!

















En las ruinas de Ayutthaya, Buda meditando. Poco a poco nos vamos aproximando a la espiritualidad tailandesa, despues de unos cuantos dias en los que solo veiamos consumismo, consumismo y mas consumismo.









Esta es una de las imagenes mas conocidas de la espiritualidad tailandesa. Es en las ruinas de Ayutthaya, lo que fuera hace siglos la capital del reino de Siam, es decir, Tailandia. Se trata de una cabeza de Buda aprisionada por las raices del arbol, y es uno de los sitios mas venerados de Tailandia.











Y esta es nuestra querida playita en Ko Tao, un trocito de paraiso en el que nos recreamos durante cinco dias, buceando entre tiburones y tortugas y dejando pasar el tiempo placidamente, y de paso tostando nuestras blanquecinas pieles, unas mas que otros.































Aqui el charlie dando buena cuenta de un rico desayuno a base de sopa de fideos con brotes de soja, carne, verduritas, y otras cosas que desconocemos pero que entran muy bien (para los aprensivos, no habia nada que se moviera ni que tuviera patas). Observese el dominio y la destreza en el uso de los palillos que demuestra el susodicho.


Aqui estamos los dos en Ayuthaya, un conjunto arquitectonico a un par de horas en tren de Bangkok, como veis los dos sin ninguna pinta de guiris (aqui llamados "farang")


















Teniamos la intencion durante todos los meses precedentes al viaje de ir ligeros de equipaje y tal... que ingenuos... en fin, en esta foto estamos intentando aclarar un poco todas nuestras pertenencias (ojo a la "biblioteca" de la derecha), para intentar deshacernos de algo: el impresionante resultado de todo ello fue que en la isla se quedo una camiseta, un calzoncillo y...creo que poco mas.






Esta es la vista desde nuestra cabanya en la isla de Ko Tao, un pequenyo tesoro que descubrimos y que nos hizo reconciliarnos bastante con Tailandia despues de las primeras impresiones.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Namaste familia, como dicen en Alacant, vamoraver:
Mas vale tarde que nunca (vaya por delante para los maniaticos de la ortografia que por estas tierras los teclados no tienen ni acentos ni enyes, conya), pero por fin vamos a darle los santos sacramentos a este nuestro querido blog, tan publicitado antes del viaje y luego tan dejado de lado durante las primeras.... 5 semanas de viaje, collons como pasa el tiempo...
Iniciamos este viaje que nos llevara durante todo el 2008 a recorrer Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam, China, Tibet, Nepal y la India, en busca de la espiritualidad oriental, del mundo de las ONG y de todo lo que salga a nuestro paso y de lo que surja dentro de nosotros.
Y hasta el momento la experiencia ha tenido de todo, empezando por una cierta desilusion en nuestro primer contacto con Tailandia (siempre las malditas expectativas), con una capital como Bangkok hiperdesarrollada y caotica, con hordas de turistas yendo de un sitio a otro como borregos en viajes organizados por agencias alemanas o israelies, y con gente local (no todos, que esto de generalizar siempre tiene su peligro) que solo ve en ti a un euro con patas, business, business, business. Y en todo esto que carajo pinta esa cosa llamada espiritualidad? Bueno, de eso hablaremos un poquito mas adelante. De momento y para no soltaros la parrafada, vamos a poneros unas fotillos que hemos ido haciendo por el camino, para que veais que pese a esa cierta desilusion que comentabamos, en fin tampoco se puede decir que hayamos sufrido demasiado hasta ahora, vaya...