Antes de emprender este viaje había dos proyectos principales que queríamos realizar en nuestro recorrido por Asia: uno centrado en la espiritualidad oriental y otro relacionado con la ayuda humanitaria y la lucha contra la pobreza. Después de haber hablado ayer en Bangkok con Tew Bunnag, pienso que estábamos en un error al referirnos a esos dos proyectos en términos excluyentes : tal vez la esencia de la espiritualidad no haya que buscarla en templos remotos en lo alto de las montañas, sino precisamente en el corazón de aquellas personas que trabajan al lado de los más necesitados.
Tew Bunnag es un tailandés que vive a caballo entre Bangkok, Girona y numerosas ciudades europeas donde imparte cursos y conferencias como maestro de Tai-Chi y de meditación. Procedente de buena familia, podría haber dedicado su vida a aprovechar sus contactos a nivel político y económico para triunfar en los negocios o, quien sabe, hacer carrera política. Sin embargo, su forma de entender el sentido de la compasión en el budismo le ha llevado por otros derroteros. De hecho, para lo único que utiliza esas influencias es para obtener ayudas para el Mercy Center, una institución que él dirige (aunque en su humildad prefiere decir “coordina”), ubicada en una de las zonas más deprimidas de Bangkok, que dedica sus esfuerzos a intentar dar una vida digna a las personas infectadas por el SIDA, en su mayoría niños de corta edad con infancias (por llamarlas de alguna manera) terribles de prostitución, drogadicción y violencia. En Tailandia, como en tantos otros países todavía hoy, las personas con SIDA sufren el rechazo de la sociedad, negándoles cualquier oportunidad de integración y de desarrollo laboral, y condenándolas a una vida que sencillamente no puede ser considerada como tal, cuando no directamente a la muerte. En cualquier caso, en el Mercy Center a muchas de estas personas, especialmente a los niños a causa de su débil sistema inmunológico, lo único que se puede hacer por ellos es acompañarlos en sus últimas horas, dándoles ese algo de calor humano que en la mayoría de los casos reciben por primera vez en sus vidas.
En un país cuya clase política ignora a los sectores más necesitados de la población, y que en su afán de dar una buena imagen del país pretende hacer creer que las estadísticas sobre casos de SIDA están disminuyendo, cuando la realidad es que la tendencia es la contraria, Tew defiende (y ejerce activamente) un budismo con compromiso social, un budismo que lleva esa energía amorosa llamada compasión a las personas que más lo necesitan, a los enfermos, los pobres, y a todos los que de una manera u otra han caído (o sencillamente nacido) fuera del sistema.
Acabamos de visitar de su mano las instalaciones del Mercy Center, y tras compartir un plato de arroz, charlamos con él sobre esos temas que nos han traído hasta esta parte del mundo.
Tew, ¿cómo ves la espiritualidad hoy en Tailandia?
Ha cambiado muchísimo, sobre todo en las grandes ciudades como Bangkok. Cuando yo era pequeño todos los niños pasaban por una etapa de monjes, y se vivía la espiritualidad de un modo mucho más cercano. Hoy la mayoría de esos jóvenes sólo piensan en consumir. Sin embargo, creo que en el conjunto del país la espiritualidad sigue muy viva, sigue teniendo mucha fuerza, sobre todo en las áreas rurales, donde las tradiciones no han cambiado.
Tú dedicas buena parte de tu tiempo a trabajar aquí en el Mercy Center para ayudar a los enfermos de SIDA, un sector de la población en clara situación de marginación. ¿De qué manera el budismo te ha llevado hasta aquí?
Creo que existe una larga tradición en mi país de un cierto “socialismo” en el budismo, y por ejemplo Buddhadasa Bhikkhu, el fundador de Suan Mokh (uno de los centros de meditación más importantes de Tailandia donde todos los meses se realizan retiros de Vipassana para extranjeros), era un gran defensor de los más necesitados. Se trata en definitiva de llevar a la práctica el sentido de la compasión, del amor compasivo del que habla el budismo. Porque en este país existe la necesidad real de ayudar a los pobres, a los enfermos, puesto que desde la clase política las preocupaciones son otras.
Tew, en Occidente asistimos hoy en día a un cierto boom de la espiritualidad, aunque en muchos casos como simple objeto de consumo: colecciones de Osho en los quioscos, cursos de meditación anti-estrés para ejecutivos, kits de yoga en las tiendas de deportes, etc. ¿Crees que existe el peligro de caer en el materialismo espiritual?
Yo tengo fe en la inteligencia y en la sinceridad de la gente. Lo comercial caerá por su propio peso, porque se puede distinguir lo auténtico de lo que no lo es, en el sentido de que la auténtica espiritualidad sirve. La verdadera espiritualidad no es fácil, es trabajo, te exige: sacrificio, coraje, riesgo. No es algo que puedes comprar así como así, en un fin de semana. Requiere muchas horas de práctica, y requiere mucha dedicación, mucha energía y entrega. Por lo tanto no veo esa falsa espiritualidad como un peligro, es algo que ha existido en todas las épocas pero que no ha sobrevivido.
Creo que hay otra etapa de la espiritualidad que vendrá. Por ejemplo en España, lo que yo veo como observador y amante de vuestro país, es que hubo una etapa de espiritualidad impuesta, es decir, a través de la Iglesia. Posteriormente en los años 70 se da un rechazo de la espiritualidad, que inmediatamente da paso a una búsqueda, de caminos, de gurús, una búsqueda muy sincera por cierto. Ahora tenemos la etapa del mercado, de la espiritualidad como consumo. Y creo que la siguiente etapa, que ha nacido ya, estará más allá del consumo espiritual, y en este punto para mí la palabra clave es la simplicidad. La verdadera espiritualidad no necesita nada complicado, apenas un cojín y un pequeño espacio para practicar, nada de uniformes ni cursos caros. Estoy convencido de que esta fase está llegando ya, y en ella ya no son necesarios los gurús ni los maestros, simplemente el compromiso personal con la práctica, con sacrificio (oficio sagrado) y disciplina. Se trata de una espiritualidad anarquista, en el sentido de que pasa por uno mismo, lo fundamental es la práctica personal. Esto es algo que me motiva mucho.
En mi país, en Tailandia, he podido vivir todas las etapas. Ahora estamos en un momento de decadencia. Cuando era pequeño la espiritualidad estaba muy viva, era muy palpable. No había tanto consumismo como en la actualidad. Hoy en día, todavía muchos occidentales vienen a Asia buscando esas raíces, sin embargo pienso que la espiritualidad oriental está más viva hoy en Europa que en Asia, porque los occidentales que han integrado estas prácticas en sus países, han tenido que investigar mucho y pensar mucho, ya que pasar de ser católico o marxista a integrar una práctica asiático-oriental requiere un salto intelectual, emocional y espiritual. Sin embargo, para los asiáticos no supone ningún esfuerzo porque forma parte de su cultura, de sus costumbres y tradiciones, y eso conlleva el no sentir la necesidad de investigar, de conocer más, de esforzarse por saber, como hacen los occidentales.
Da la impresión de que los países occidentales han llegado ya al máximo de su desarrollo y de alguna manera han iniciado un camino de vuelta hacia la simplicidad. En Asia, sin embargo, todavía se sigue creciendo y creciendo y no se ha alcanzado ese punto de inflexión.
Creo que la verdadera riqueza del futuro será precisamente la simplicidad, el arte de simplificar tu vida. Porque lo que nos ha aportado el modelo de consumo capitalista es la complicación. Tengo la impresión de que la gente está harta de tanta complicación en su vida. Por eso viene al yoga, al taichi, a meditar, a la simplicidad del silencio, de no correr más. Y existe la necesidad de reconectar. Esto lo podemos ver cada vez más en Occidente, mientras que en Asia todavía la gente está buscando más y más complicaciones en su vida a causa de esa obsesión por el consumo y el desarrollo.
La simplicidad nos permite sobre todo volver a conectar con nosotros mismos. El principal daño de este modelo de consumismo es que, las tecnologías de comunicación que nos pretenden conectar (móviles, televisión, etc.), en realidad nos separa de nosotros mismos. Cada uno está aislado, aislado de sí mismo y de los demás, porque está atrapado en un ritmo ajeno, siempre corriendo: para pagar las deudas, las hipotecas, etc. Y a causa de esa desconexión cada vez más la gente se deprime. Creo que existe realmente hambre de esa simplicidad.
¿Entenderías tu vida hoy en día sin la meditación?
No podría. Para mí la meditación forma parte de mi vida como desayunar o darme una ducha. Es algo que me recuerda quien soy, que me centra y que me ancla, que me devuelve a la simplicidad. La meditación es el simple hecho de parar y conectar contigo mismo por un momento. Tan sencillo y tan complicado.
domingo, 16 de marzo de 2008
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2 comentarios:
Gracias por dejarnos ver con vuestros ojos, y escuchar en vuestros textos.
caray! qué fotos tan majas. cuánto contienen.
Muestran la alegría de la autenticidad, la búsqueda (camino interior), la libertad (creativa), la sensibilidad, el gozo, la paz...
Elena estás guapísima. a ti carlos no te conozco al natural, aquí muy majo.
he hecho un viaje de un rato comodamente, gracias a vuestras fotos...
os deseo lo mejor. besos, m carmen
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